Curso inglés en Cork – Experiencia

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La señora Lorenzo, viajo con nosotros en 2012 a Cork y este año ha repetido en Sliema, Malta. Si ella tuviera que aconsejar a alguien sobre el aprendizaje de un idioma, lo tendría muy claro: “Para poder hablar y entender un idioma es importante vivirlo en el país origen”

La alumna ve como una necesidad para profundizar en la comprensión del lenguaje practicar el inglés en el extranjero, en la cuna del idioma. Según su propia experiencia, las pequeñas situaciones de la rutina diaria, son las que motivan el aprendizaje, las que actúan de resorte para dar el paso y dejar fluir la lengua.

Entre las muchas anécdotas que nuestra estudiante nos puede contar, podemos destacar un par de ellas.

Un día lluvioso paseando por la calle, decidió cobijarse dentro de una iglesia, mientras escuchaba el recital del cura. Quizás la intención no fuera ir expresamente a misa, porque es verdad, pero esa media hora, fue un ejercicio de comprensión que difícilmente se puede llevar a cabo en casa.

La sencilla imagen de un ceda el paso, las “1000 gracias” que le dio una tendera cuando fue a comprar y que nunca había escuchado, o la dificultad nada más llegar al aeropuerto y ver la necesidad de llegar a la ciudad de destino comprendiendo el lenguaje… Todas estas situaciones se le asemejan, cada una de ellas, aunque no lo parezca, a semanas de aprendizaje aquí en España.

Nuestra estudiante tiene claro que se puede aprender, con más o menos esfuerzo, la gramática de una lengua en cualquier parte. La realidad es que con el esfuerzo personal y con el afán de aprender, no hay límite para ello. Aún así, dos semanas de inmersión lingüística el genera un salto cualitativo de comprensión en el nivel de la lengua respecto a la comprensión y la expresión. “La diferencia entre estudiar dos semanas fuera es enorme”. Para ella, la convivencia es necesaria en el desarrollo de la lengua. “La primera semana no piensas en inglés, la segunda ya comienzas a pensar”, y es que en el momento que nuestro cerebro cambia sus mecanismos de comprensión y expresión, ya hemos superado la barrera lingüística.

Para finalizar la entrevista, nos cuenta una situación estudiando inglés en Cork que la lleno de satisfacción. Allí, vivieron con una familia anfitriona en una urbanización de casas adosadas todas con sus respectivos perros. Una de sus hijas, con 12 años, se encariñó con uno de los animales. Éste, esperaba a la niña en la puerta de casa con cualquier objeto entre los dientes para jugar. Un día, la niña salió a jugar con el perro y se le acercaron unos niños. Volvió a casa disgustada y le dijo: “Mama, entenderles les entiendo pero yo quiero hablar y no sé como se dice”. La pequeña lo desconocía, pero la interiorización fonética que estaba experimentando su hija era un paso enorme en el aprendizaje… “sólo le faltaba vocabulario”.