La carrera de Lady Godiva

Lady_Godiva_(John_Collier,_c._1897)

A principios del S.XI el conde de Chester y de Mercia, señor de Coventry, Leofric y su amada esposa Godiva, eran los mayores exponentes de riqueza y poderío en la zona. Con ellos, se escribió historia y quizás también una leyenda, porque lo que no podremos saber nunca es si la carrera desnuda de Lady Godiva fue cierta o sólo un ornamento para su humildad.

El conde Leofric pretendía subir los impuestos a sus vasallos. Estos rodeados de pobreza y penurias, sucumbirían ante los tributos que habrían de pagar. Lady Godiva o Goddifu (regalo de Dios), con una empatía poco propia de la nobleza de aquellos tiempos, entendió las consecuencias que podrían tener los ciudadanos si se llevaba a cobro el impuesto.

Así, el conde Leofric, tras escuchar los alegatos de su bella mujer, le propuso que si ella era capaz de cabalgar desnuda a través de las calles del pueblo, él no cobraría el impuesto en Coventry. Lady Godiva no puso objeción, conocía la necesidad que habitaba en el pueblo. Con su enorme cabellera como única vestimenta, recorrió el entramado de calles sin ningún pudor aparente.

Por su parte, los vasallos, que amaban a su señora y sabían que por ellos velaba, no salieron de sus casas, ni se asomaron para verla pasar, pues aunque los hombres ansiarán a esta bella mujer, el respeto era superior. Aún así, cuenta la leyenda que hubo un hombre, un sastre llamado Tom, que no pudo evitar verla pasar, y con mucho tiento y cuidad se asomo para verla pasar desnuda. Lástima para Tom, que con sólo su mera intención, sin llegar a ver nada, una terrible ceguera le sobrevino.

¿Mito o realidad? Los personajes históricos existieron realmente y Lady Godiva siempre velo por sus vasallos, siendo el nexo de unión con su marido Leofric. El paseo a caballo desnuda se desconoce si es una leyenda o realmente fue así. Por otro lado, el sastre que tuvo la osadía de mirar a Godiva fue más tarde llamado “Peeping Tom” (el mirón Tom), de ahí su posterior uso en inglés para designar a los Voyeaurs.

Pintura: John Collier – 1897