Nuestro equipo escribe: “París, un fin de semana inolvidable”

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Después de decidirnos a marchar sin preparación alguna, nuestro destino se nos antojaba una aventura. París, una promesa de visita desde hacía años. La ciudad nos esperaba para aprovecharla sin saber ni siquiera donde íbamos a dormir o por donde nos íbamos a mover.

Pero la realidad fue mucho más sencilla, encontramos alojamiento sin problema en uno de los hoteles cercanos a los Campos Elíseos de París y pudimos comenzar nuestro periplo sin ningún contratiempo. El idioma es precioso. El ritmo pausado y elegante de los franceses te arrastra. Mi próximo objetivo será aprender francés en París.

La primera parada en nuestro viaje fue la Catedrál de Notre Dame, una impresionante edificación de arquitectura gótica en el centro de la ciudad. Sus gárgolas, sus torres o el rosetón primario nos anima a seguir mirando cada detalle cincelado en la piedra. Un edificio histórico que te atrapa y te traslada a otra época.

París es un emblema cultural europeo. Uno de los museos más interesantes del mundo es un plato fácil de digerir.  Así, en el museo del Louvre con alrededor de 35.000 obras, pudimos disfrutar de todo tipo de arte, desde antigüedades egipcias o griegas hasta el arte de la Edad Media, además de pinturas mundialmente reconocidas.  Nos llevo un tiempo salir del museo,  sabíamos que nuestra siguiente parada sería el gran tótem francés.

La Torre Eiffel, como símbolo de la capital, el monumento se erige imponente sobre nosotros; de noche la imagen es indescriptible, como una estrella en medio de la urbe.  Desde su altura, la panorámica de 360º  en el filo del mundo es algo que no se puede olvidar nunca; poder disfrutar del icono por excelencia de Francia.

Nos quedaba un día para marcharnos y la posibilidad de visitar todos los lugares de interés en París era imposible. Por ello, nos dedicamos a pasear por los Campos Elíseos hasta el Arco del Triunfo donde su real magnificencia como centro de donde emanan 12 grandes avenidas parisinas.

Para terminar nuestra estancia, nos acercamos a conocer el Mouling Rouge. Las colas eran impresionantes por lo que no pudimos disfrutar de un espectáculo, pero lo apuntamos para cuando volvamos a visitar la ciudad de las luces. Después de ver el musical es necesario conocer el escenario donde han tenido lugar tantos bailes y tantas románticas historias.

Recorrimos el barrio de Montmartre observando el devenir de artistas, bohemios de otra época… recordando a artistas de la talla de Van Gogh y entonces pudimos comprender que París tenía mucha historia y no sólo eso…era la cuna del arte.