Nuestro equipo escribe: “Rincones de Londres”

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La primera visita a Londres es siempre inolvidable. Una realidad paralela entre culturas y cosmopolita entre sus gentes. Desde el aeropuerto hasta el centro de la ciudad se nos invita al cambio en la manera de pensar. La distancia de Stansted Airport nos va mostrando un paisaje agreste, ajeno al bullicio de la ciudad que nos acerca recuerdos del folclore inglés que aún no hemos vivido.

Nuestro destino era una casa-hotel de la zona de Sussex Gardens. Allí nos esperaba Auri, una mujer gallega que había viajado de joven para buscar suerte en la capital inglesa, y hoy, hospedaba en su negocio a varias familias que viajan para conocer Londres o a estudiantes como nosotros que habíamos contratado un paquete para estudiar idiomas en el extranjero.

La llegada al barrio de Paddingtom no pudo ser mejor. Todo maravilla si nunca has conocido una ciudad como Londres. Sus gentes, serias y educadas, ajenas al devenir del resto de viandantes. La independencia y el anonimato, es una de las características que me gustaron de la urbe.

El primer día me había propuesto un tour por algunos rincones de Londres. Sabía que la primera parada, por cercanía y necesidad, era el gran pulmón de la ciudad, Hyde Park. La aglomeración de gente disfrutando de la calma tranquilidad del parque es una realidad que difícilmente se puede describir. El gran parque británico invita a soñar, a dejarse llevar por el monótono mecer las hojas o el ligero ruido de las ardillas entre las copas de los árboles. Además, el murmullo del lago Serpentine llega como una sonata que cualquier visitante no podrá olvidar.

Hyde Park es una adicción diaria, una necesidad de 15 minutos en calma, la rutina de la tranquilidad para comenzar o terminar un nuevo día. A pesar de ello, existen otros lugares donde conocer las costumbres más elegantes de los británicos. El cambio de guardia en Buckingham Palace es muy ceremonial y describe a la perfección la elegancia de los ingleses. Quizás, todos los que allí nos congregamos, esperábamos a una Reina asomar pos las ventanas superiores del Palacio, pero aquel no fue el día.

No se puede olvidar las calles de Candem Town, la diversidad étnica y los extravagantes productos que se venden en el mercadillo o recordar los barcos-casa que inundaban el Regent’s Canal anunciando la cercanía de la zona. Aún puedo oler las variadas especias como el curry al pensar en la visita al entramado de calles que compone el barrio.

Gastronomía variada, mobiliario, ropa de segunda mano, pequeñas píldoras de helio, animales, productos esotéricos… Allí era posible comprar cualquier cosa a un precio moderado.  Además, la vida nocturna en Candem Town es de carácter alternativo: música rock, indie, punk… todo bajo los estandartes de pubs como Cyberpunk o Dublin Castle donde han tocado grupos famosos como Blur.

También, debo hacer una parada el barrio de Nothing Hill, donde es ley que todos los visitantes nos acordemos de Julya Roberts o Hugh Grant en sus papeles más famosos en la gran pantalla. Se trata de un lugar de ensueño donde la gente más adinerada de Lóndres comparte urbanización y donde un mercado, quizás más habitual que Candem Town, ocupa toda la zona de Nothing Hill.

La vida nocturna es un lujo para los estudiantes, si bien es cierto, mis clases de inglés en Londres eran fructíferas, siempre podíamos salir los sábados a conocer esa faceta más libertina de la ciudad. Picaddily Circus era nuestro destino, allí nos esperaban un sinfín de discotecas y pubs para disfrutar de una música agradable y poder bailar. La fiesta nocturna británica es acogedora, procuran que el visitante se sienta a gusto entre ellos. Por otro lado, se pueden visitar otras zonas como el corazón del Soho, donde la variedad en el carácter de la gente la hace inolvidable.

Las clases fueron muy constructivas, estudiar un idioma en la tierra que lo acuño, es un ritual difícilmente repetible. Estudiar en el extranjero siempre es una ventaja respecto a la comodidad de quedarse en casa. El nivel de aprendizaje es muy superior y la relación entre compañeros y familias ayuda a mejorar de manera exponencial el inglés.

No olvido los amigos que he conocido, la gran familia que hemos formado con estudiantes de otros países, y menos aún esta inigualable experiencia, donde Londres ha dejado su huella y una promesa a cumplir: volver a pasear las calles de la ciudad.